Escoja una piña madura, con color amarillo dorado y aroma dulce. Corte la corona de hojas con un cuchillo firme para comenzar a prepararla.
Pele la piña con cuidado, quitando solo la primera capa gruesa de la cáscara y dejando los ojos. Posteriormente a esto, retire esa parte en una segunda pasada. Esta parte de la piña puede reutilizarse.
Pique la piña en cuadritos, dejando algunos más grandes y otros más pequeños. Así logrará una crear una textura casera, con trocitos que se sienten al probar la mermelada.
Coloque los trocitos de piña en una olla profunda y añada el azúcar, la vainilla, el agua y la sal. Revuelva bien antes de llevar al fuego, hasta que el azúcar se disuelva por completo y no se sienta en el fondo.
Lleve la olla a fuego medio y cocine aproximadamente por 13 minutos, revolviendo constantemente. La mezcla debe hacer un burbujeo suave, sin llegar a hervir fuerte, para que la piña no se recocine y conserve su textura.
Transcurrido el tiempo, disuelva la fécula de maíz en un poquito de agua fría y agréguela a la piña. Revuelva de inmediato para que se integre bien, y continúe revolviendo por unos 2 minutos más, hasta que la mezcla espese y adquiera un brillo uniforme.
Retire la olla del fuego y continúe revolviendo la piña durante unos 45 segundos más, para que la mezcla termine de espesar de manera uniforme, sin que se pegue.
Coloque un tazón con hielo debajo de la olla mientras continúa revolviendo la mezcla. Esto evita que la piña siga cocinándose y permite que el enfriado le dé la textura ideal a la mermelada.