Deje los frijoles en agua desde la noche anterior para que se hidraten y se cocinen más rápido. Al día siguiente, bote esa agua, lávelos bien y cocínelos con agua limpia, cebolla, chile dulce, ajo, apio, hojas de laurel y sal. Cocínelos hasta que estén suaves, pero todavía enteritos, porque después van a seguir cocinándose junto con el resto del chili.
Cocine la carne molida sola, sin condimentos, hasta que cambie de color y suelte su líquido. Luego escúrrala bien para retirar el exceso de grasa y líquido. Aparte, coloque los chiles secos en una ollita con agua y cocínelos suavemente hasta que se hidraten. Retire los tallos y licúelos con un poco de esa agua y chile chipotle.
En una olla aparte, sofría cebolla, chile dulce y ajo por unos minutos. Agregue la carne ya escurrida, un poco del caldo de los frijoles, paprika, comino, orégano, sazón completo y sal. Mezcle bien y deje cocinar unos minutos.
Licúe los tomates en lata para formar una salsa. Aparte, pique los tomates naturales y cocínelos en la olla grande hasta que se suavicen y suelten su jugo. Luego agregue el tomate licuado y mezcle bien.
Incorpore la carne condimentada a la olla grande donde tiene la salsa de tomate.
Agregue los frijoles cocidos poco a poco, junto con un poco del caldo de cocción. Vaya mezclando y revisando la cantidad, para que el chili quede equilibrado entre salsa, carne y frijoles.
Pase la salsa de chiles ya licuada por un colador antes de agregarla al chili. Incorpórela poco a poco, probando entre cada tanda, hasta llegar al nivel de picante que le guste. En este momento también puede ajustar la sal y el resto de sabores.
Deje que el chili hierva suavemente por aproximadamente 15 minutos más, para que espese y los sabores terminen de concentrarse. Luego sirva caliente con queso, natilla, aguacate, culantro, tomate fresco o galletitas. Si le sobra, déjelo enfriar y congélelo en porciones.